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¿HAY VIDA DESPUÉS DEL AMOR ROMÁNTICO?

Tras la celebración del II Debate de la UNED -¿Está en crisis el amor romántico?- el pasado 19 de enero, la profesora de Psicología de la UNED Belén Gutiérrez Bermejo, codirectora del encuentro, analiza en este artículo algunos de los aspectos relacionados con los temas abordados en el debate, tales como la propia crisis del amor romántico en la actualidad, su convivencia o transformación en amor líquido y, sobre todo, la alternativa de futuro a ambas concepciones: el amor confluente.


Belén Gutiérrez Bermejo, profesora de Psicología Evolutiva y de la Educación:
“No está en crisis el amor, ni siquiera el matrimonio, está en crisis la persona”

Estamos ante el absoluto desencanto, ante la desoladora disyuntiva entre el amor romántico, que ya no se sostiene sobre sus propios mitos, y el mercantilista “amor fluido”, en el que lo efímero desplaza a lo permanente, en el que el amor caduca rápidamente y tiene obsolescencia. Estamos ante el paso del matrimonio para toda la vida a la monogamia sucesiva. Sin embargo, ninguna de las dos opciones nos convence y seguimos necesitando creer en el amor y en los finales felices, eso es lo que da confianza al ser humano.

Prueba de ello es que la mayoría de las personas que se divorcian reinciden y en muchos casos cada nueva unión es pensada y deseada como definitiva. Las personas necesitamos confiar en que las cosas van a salir bien, eso es lo que nos da seguridad. Pero como adultos somos agentes activos en la dirección de las cosas, en su desarrollo y en su resultado, por eso debemos implicamos para que así sea.

No nos confundamos, o no nos dejemos confundir: no está en crisis el amor, ni siquiera el matrimonio, está en crisis la persona. Y es que “para estar bien con alguien, hay que estar primero bien con uno mismo”.

Las rupturas en las parejas han aumentado porque estamos produciendo un tipo de ser humano cada vez más frágil, más hedonista, más consumista y en este consumo se ha incluido también el amor (Rojas, 2019). En este momento, el ser humano no tiene referente ni tiene remitente, no sabe ni de dónde viene ni adónde va. Y es este estado de desconcierto el que ha potenciado un individualismo atroz en todos los ámbitos, incluido también el amor.

No está en crisis el amor, no podrá estarlo nunca, pues querer y ser querido es una necesidad del ser humano. El amor es una emoción positiva, deseable e importante en la vida del ser humano. Nadie puede estar en contra del amor. El amor genera sentimientos que ninguna otra emoción puede generar.  Por eso, reiteramos, no está en crisis el amor, está en crisis el ser humano y la concepción de amor romántico basada en ideas de otros tiempos. Pero la alternativa para salir de esa crisis no es el mercantilismo, ni la utilización de los seres humanos como objetos, ni la libertad sin restricciones, ni el hedonismo, ni la entronización del placer a toda costa y por encima de todo.

¿Qué alternativa tenemos?

Es necesario finalizar esta reflexión proponiendo una alternativa a las nociones de amor presentadas. Nunca debería criticarse o destruirse algo sin proporcionar una opción posible. No podemos destruir la creencia en algo tan maravilloso como el amor sin aportar una nueva visión.

Por eso proponemos unas claves que pueden orientar una concepción del amor más actual. El denominado “amor confluente” surgió a mediados del siglo XX en oposición al amor romántico. Se trata de un modelo de amor o de relación de pareja que incorporó todos los avances sociales hasta el momento, tales como la aceptación de la homosexualidad, la igualdad de géneros, la anticoncepción, la legalización del divorcio o las transformaciones en la familia, entre otras.

Desde esta concepción, el amor es voluntario, reflexivo y consensuado. Sin embargo, esta concepción apenas se ha extendido y todavía necesita un desarrollo mayor pues sigue arrastrando algunos de los valores de la concepción romántica. (Giddens, 1995).

¿Qué tipo de amor es el amor confluente?

1. Un amor basado en una decisión personal

Preparemos desde la infancia futuros adultos con capacidad de decisión, con valores acordes a la época, con apegos seguros que les permitan decidir si compartir su intimidad o no. Estar en pareja es una decisión, no una obligación. Se puede estar feliz solo (rodeado de familia y amigos con los que se genere ese apego seguro) o en pareja. Las personas estamos completas por nosotros mismos, no necesitamos otra persona para completarnos.

2. Un amor basado en la igualdad y el respeto

Los dos miembros de la pareja somos iguales en cuanto a derechos y deberes, en cuanto al dar y recibir emocional.

3. Un amor que conduzca al otro a sacar lo mejor de uno mismo.

El amor es positivo y como tal engrandece a quien lo siente y le permite crecer. No se trata de intentar cambiar a la otra persona (como en el mito de la transformación), sino de apreciarla como es desde el primer momento, sin ponernos gafas de ideales que la deformen.

4. Un amor en el que se pone lo mejor de uno.

No estamos hablando de un amor que lo puede todo (como en el mito de la Omnipotencia), sino de una implicación personal en las relaciones, de hacer las cosas todo lo mejor que se pueda, de cuidarse mutuamente y de cuidar los pequeños detalles.

5. La fidelidad es una decisión personal.

La fidelidad no puede ser una condición socialmente impuesta, ni fruto de las normas de una religión.

6. Un amor en el que importa la pasión y en el que se le da importancia a la vinculación afectiva y a la satisfacción sexual.

La sexualidad inteligente es aquella en la que se mezcla ternura, complicidad, misterio, delicadeza, pasión e intimidad. La sexualidad no es un bien de consumo. La sexualidad es plena cuando se comparte la intimidad.

7. Un amor basado en la comunicación.

La comunicación es la base de la intimidad y de la continuidad de la relación. Una comunicación no intrusiva basada en un interés por el otro, por lo que piensa, por lo que siente y por lo que hace en su día a día.

8. Un amor que necesita aprendizajes sucesivos, que va cambiando con el paso del tiempo y que precisa ir adaptándose en cada una de sus etapas para poder sacar lo mejor de cada una de ellas (lejos del “se casaron y fueron felices para siempre”).

9. Un amor diario, por el que se trabaja en cada momento. Del que uno no se plantea su duración (frente al mito del amor eterno)

Canal UNED: Ver el debate en diferido

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